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Updated 06/06/2005

Conflictos civiles e intervenciones de EE.UU. en América Central en los 80

En los años 80 América Central era uno de los campos de batalla de la guerra fría de Washington, y Honduras le servía como base de operaciones. Los conflictos civiles se enardecían en los tres países fronterizos a Honduras. En Guatemala y El Salvador, insurgentes de izquierda luchaban contra las fuerzas de represores gobiernos apoyados en los militares, mientras que en Nicaragua, el gobierno revolucionario sandinista combatía las fuerzas de la antigua dictadura militar, que intentaba restablecerse en el poder. Alegando que el gobierno sandinista y las insurgencias guatemalteca y salvadoreña constituían una amenaza comunista contra el hemisferio, los Estados Unidos intervinieron canalizando ayuda militar, adiestramiento, equipamientos y recursos de inteligencia a la región. No obstante, a pesar de su justificación ideológica, los Estados Unidos también pretendían proteger sus intereses económicos, amenazados por las reformas agrícolas, laborales y políticas que respaldaban estos movimientos.

Guatemala

En 1954, un golpe militar apoyado por la CIA derrocó al presidente popularmente electo de Guatemala, Jacobo Arbenz Guzmán, y desencadenó un conflicto civil que duraría más de tres décadas. Los Estados Unidos se veían amenazados por Arbenz, que había legalizado el Partido Comunista de Guatemala, e iniciado reformas para redistribuir las tierras propiedad de la compañía americana United Fruit, sobre todo entre la población campesina indígena. El conflicto armado, fundamentalmente una disputa por los derechos sobre la tierra, acabó en 1996 con la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno guatemalteco y la oposición armada, agrupada como la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala. La Comisión de Aclaración Histórica, patrocinada por Naciones Unidas, estimó que los militares guatemaltecos eran responsables de la muerte o desaparición de más de 200.000 personas y concluyeron que los grupos de población maya habían sido víctimas de un genocidio entre 1981 y 1983.

El Salvador

El descontento por las desigualdades sociales, la pobre economía y la represión dictatorial llevó en 1980 al estallido de la guerra civil en El Salvador entre la guerrilla izquierdista, que se unió en el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí, y el brutal régimen militar del país. Ignorando las severas violaciones de los derechos humanos por parte de los militares, los Estados Unidos proporcionaron billones de dólares en ayudas al gobierno salvadoreño. Durante los 12 años que duró la guerra, 75.000 salvadoreños –civiles en su mayor parte– resultaron muertos, y varios miles más huyeron a los campos de refugiados de Honduras y entraron en los Estados Unidos como inmigrantes ilegales.

Nicaragua

En 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua terminó con los 40 años de dictadura apoyada por los EE.UU. de la familia Somoza y se hizo con el control del país, ganando más tarde unas elecciones calificadas como libres y justas por los observadores internacionales. El movimiento sandinista se había formado en 1961, y a lo largo de los años había recurrido a Cuba para pedir consejo y apoyo. Una vez en el poder, los sandinistas continuaron dependiendo de la ayuda política, militar y económica de Cuba y la Unión Soviética. Los lazos del nuevo régimen con el bloque soviético entorpecieron las relaciones con Washington, pero la ruptura final llegó en 1981, cuando Estados Unidos supo que los sandinistas, a instancias de Cuba, estaban ayudando a suministrar armas a la insurgencia salvadoreña. Nicaragua negó su implicación, pero aún así se suspendieron los fondos de EE.UU., aumentando la dependencia nicaragüense del bloque soviético y el miedo a una agresión por parte de los Estados Unidos.

Mientras tanto, antiguos miembros de la guardia nacional de Somoza habían reunido sus fuerzas al otro lado de la frontera con Honduras y Costa Rica. El Col. Gustavo Álvarez Martínez, jefe de las fuerzas armadas hondureñas, creía que los guardias podían ser útiles para prevenir que la ola revolucionaria alcanzara Honduras derrocando el gobierno sandinista en Nicaragua. Alvarez contactó con Washington, exponiendo su plan para organizar a la guardia en una fuerza contrarrevolucionaria, a la que los Estados Unidos suministrarían apoyo financiero y Honduras la base de operaciones territorial. En Noviembre de 1981, Washington fundó y organizó la nueva fuerza paramilitar, que se hizo conocida como la Contra. La guerra de la Contra, que duró hasta 1988, tuvo como resultado más de 25.000 muertos y 700.000 refugiados y desplazados.

Honduras

Aunque Honduras no sufría ningún conflicto interno, sirvió como plataforma para la lucha estadounidense contra los insurgentes de Guatemala y El Salvador, y para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua. La situación geográficamente central de Honduras convirtió a este país en una conveniente base de operaciones para las Contras, y en un punto de entrenamiento y suministro para los militares salvadoreños y guatemaltecos. De 1980 a 01984, la ayuda militar de EE.UU. a Honduras aumentó de 3,9 a 77,4 millones de dólares, inundando el país de bases militares, personal y armas estadounidenses.

Aunque los Estados Unidos utilizaron Honduras como base desde la que luchar contra amenazas exteriores, también ayudaron al país a combatir a los «enemigos internos», es decir, los que criticaban al gobierno o reivindicaban el cambio social. Con entrenamiento de Estados Unidos, las fuerzas de seguridad hondureñas –incluyendo el notoriamente brutal Batallón 3-16– secuestraron, torturaron e hicieron «desaparecer» periodistas, líderes religiosos progresistas y organizadores estudiantiles, políticos y sindicales.

En 1987, los presidentes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica firmaron un acuerdo para establecer condiciones para la paz en Centroamérica, que se conoció con el nombre de Acuerdo de Esquipulas. Desde entonces, la guerra fría y los conflictos regionales han terminado, pero los Estados Unidos siguen manteniendo un contingente de tropas y asesores en una gran base militar a las afueras de la capital hondureña, Tegucigalpa. A lo largo de la pasada década, algunos funcionarios del gobierno hondureño han intentado obtener información sobre los abusos contra los derechos humanos en los años 80, y enjuiciar a los responsables, pero el proceso ha sido lento y los resultados escasos. La mayor parte de la información de los archivos de EE.UU. sobre abusos contra los derechos humanos y el grado de implicación de EE.UU. durante ese periodo sigue estando clasificada, a pesar de las numerosas peticiones para que se haga pública.

Para más información 

«Publicar los archivos: Una oportunidad para ayudar a la desmilitarización de Honduras». Adam Isacson y Susan Peacock. Centro de Política Internacional, 1997.

«Dentro de América Central: Su gente, su política y su historia». Clifford Krauss. Summit Books, 1991.

«En nombre de la democracia: la política estadounidense a través de América Latina durante la era Reagan». Thomas Carothers. University of California Press, 1991.